Ayer me habló mi conciencia. Me dijo:
"Y la verdad es que sigues igual. Tu vida social se amplía, maduras a nivel personal, aprendes cosas nuevas. Pero vuelves, un día vuelves y te das cuenta de que tú has cambiado, pero ese cambio pasa inadvertido porque todo cambia. Y ahí te encuentras, en ese espacio confuso entre el efecto mariposa y el círculo vicioso, tembloroso, con miedo, dibujando tu futuro en una nebulosa de neuronas sin obtener beneficio alguno. Sigues siendo el mismo imbécil que un día escapó de su genialidad."
Entre tanto, me pregunto si todo está valiendo la pena.
"Hipócrita. El mundo gira de la misma manera por mucho que te evadas de él. La gente evoluciona, mejora, se degenera y ese es el juego que hay que seguir. Ahora has vuelto y te has dado cuenta de que han cambiado cosas." ¿O sigue todo igual?
"¡Qué más da! Todo igual o todo diferente. Es lo mismo, es la misma mierda. Relativo, joder, relativo. Todo depende de la lente con que mires las cosas. Pero no te cuestiones si ha valido la pena. Has hecho lo que querías. Y eso es lo que importa. Eres libre, te sientes libre, y si el mundo cambia o no, no es tu puto problema. Tu libertad es la que da alas a tu vida, es ella quien puede marcar un antes y un después, es ella quien determina tu posición. Y tu libertad eres tú. Si te escondes, la oprimes; no vuelas. Dentro de unos días volverás. ¿Para esconderte?"
No.
"¿Para evitar?"
No.
"Para evolucionar?"
No.
"No hay finalidad. Hay causalidad: te vas porque eres libre y lo has decidido así."

No hay comentarios:
Publicar un comentario